La emergencia económica es mundial

Ningún país o Estado, por más grande, intermedio o pequeño que sea, o por más preponderancia geopolítica y financiera que diga poseer, se salva de los letales coletazos que deja en su acelerado desarrollo la guerra intestina del 1% más rico del planeta en su pugna por la monopolización absoluta del aparato de producción global.

 

 

Es en el marco de esta guerra que las caracareadas “leyes del mercado” se destrozan al no poder explicar en su justa dimensión los reacomodos del capital estadounidense con el único fin de intentar frenar a los bloques de poder emergentes (Rusia y China), disputando a base de conspiraciones financieras, extorsiones comerciales y manipulaciones energéticas regiones claves (Latinoamérica, Asia-Pacífico y Eurasia) para la oxigenación parcial del sistema capitalista occidental.

 

Pero esta oxigenación, reimpulso, o como se le quiera llamar, necesario sí o sí para la superviviencia de Estados Unidos como potencia (por unos años más solamente), pasa por quebrar empresas competidoras y defenestrar el Estado-nación en su elementalidad operativa, puesto que ambos factores significan fastidiosas trabas para los cada vez más dañinos ciclos de acumulación de capital. Nada de esto sucede en el nombre de la oferta y la demanda, ni de la competencia, ni de la filosofía clásica capitalista, sino en nombre de la dictadura corporativa del monopolio.

 

Ver y observar no es lo mismo

 

Sólo bajo esta perspectiva es entendible, por ejemplo, que Estados Unidos ya no pueda resolver sus contradicciones expandiendo mercados, porque sencillamente no existen más territorios que puedan ser explotados desde cero.

 

Casos como la quiebra planificada por parte de órganos ejecutivos del gobierno norteamericano y de General Motors hacia Volkswagen (la principal empresa de Alemania y por ende de Europa), la precarización de la clase media europea y de “sus” gobiernos, la construcción de mega tratados de libre comercio en diversas regiones para imponer por vía de la fuerza el conglomerado corporativo estadounidense en su fase monopólica, la manipulación financiera en contra de la bolsa china para debilitar su posicionamiento geopolítico y la estrategia suicida de deteriorar el mercado petrolero mundial para afectar a los países exportadores y quebrar sus principales empresas, son tan sólo algunos signos que demuestran la emergencia económica y política en la que se encuentra el planeta.

 

La dictadura corporativa no tiene más territorios para saquear, por lo que devora al resto de sus vasallos

Estas situaciones ocurren a una velocidad estrambótica y de forma atropellada. Los conflictos de gran y mediana intensidad que durante la Guerra Fría tardaban años en dirimirse, hoy se definen en cuestión de días y horas sin que ningún país se quede por fuera de reaccionar de acuerdo a sus intereses, porque en ese gran paredón conocido como globalización, la administración de los instantes y la agilidad política es la única alternativa para evitar pasar gratuitamente y desnudo hacia el cementerio.

 

Incluso los vasallos de Estados Unidos, aún con toda su guneflexión, no quieren perder los privilegios que le otorga su propia condición. Saben que el plan que se cierne sobre ellos es ser eliminados y en el mejor de los casos asimilados y absorbidos como clase política por el gran capital transnacional estadounidense.

 

Si los vasallos piensan así, la postura de los bloques emergentes de poder mundial (Rusia y China) es la disputa diplomática, económica y financiera en el marco de esas reacciones en cadena que trastocan hora tras hora el balance del poder global.

 

Espinilla por espinilla, ¿cuál explotará primero?

 

Es así como Francois Hollande declaró a Francia (miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y quinta economía del mundo) en emergencia económica por la alarmante crisis de desempleo, la precarización de su clase media y la incapacidad fiscal del Estado de sortear los embates de la crisis financiera global que degrada en lo específico su capacidad de negociación en lo regional. Decreto de sobrevivencia más bien.

La élite del reino de Arabia Saudita, ante la abismal caída de los precios del petróleo, no sólo se ha visto obligada a ofertar buena parte de su empresa petrolera Aramco a los grandes bancos estadounidenses para mantenerse a flote, sino que también decidió aumentar en un 50% el precio de la gasolina para recuperar el flujo de inversiones que está perdiendo con la suicida estrategia de elevar la producción con el objetivo de presionar a la baja los precios del petróleo. También ha ha reducido su presupuesto en un 15% para aligerar el derramamiento de sangre de sus ahorros nacionales. La situación económica y financiera del reino de Arabia Saudí, y estas medidas más allá de medio palear su desastre fiscal interno, también busca sostener su intervención en Siria mediante el financiamiento al Estado Islámico y mantener a raya a los hutíes en Yemen.

Por su parte Rusia también se encuentra en una situación financiera bastante complicada producto de la manipulación energética que mantiene por los suelos los precios del petróleo y el gas. Hace horas el gobierno ruso indicó que realizaría recortes fiscales (en un 10% del presupuesto) y una importante subida de impuestos dirigida hacia actividades económicas estratégicas de la nación. Es necesario recordar que sobre Rusia persiste un bloque financiero por parte de Estados Unidos y Europa que le impide solicitar créditos externos en el mercado financiero internacional, lo cual coloca en emergencia su situación financiera a lo interno.

China está sufriendo una fuga de capitales sin precedentes, incitada y promovida directamente por la grandes bancos estadounidenses y su conglomerado corporativo, que ha tenido como resultado el cierre de su bolsa de valores, restricciones económicas a lo interno, subida de las tasas de interés y una pérdida de posicionamiento geoestratégico en el sudeste asiático. Tanto la apertura del nuevo Banco de Infraestructura como la propuesta rusa de generar una marca de petróleo independiente de la manipulación financiera de Wall Street, también significan emergencias en el otro lado del planeta, específicamente en los vasallos que en la región tiene Estados Unidos.

Venezuela forma parte de un sistema globalizado que está en progresivo deterioro

Estados Unidos tiene la economía más enferma del planeta. Datos como su deuda pública y privada, mucho mayores que el propio tamaño de su economía, describen elementalmente su incapacidad de superar ese estadio de quiebra sin eliminar a totalidad a los bloques emergentes de poder con el fin de absorber a totalidad sus incontables recursos humanos y energéticos. Sin embargo, un solo dato sirve para reflejar la envergadura de su crisis: Wall Street tuvo su peor arranque desde el año 1928, es decir, en términos históricos y financieros, Estados Unidos está al borde de un gran caos financiero superior al de 2008 y bastante parecido al que generó suicidios masivos en 1929. La principal lucha de Estados Unidos es contra el tiempo y su principal catalizador la sostenibilidad de la gran mega burbuja financiera que han generado desde los años 90. Que esa espinilla termine de reventar, impactará (aún más) en el precio de las materias primas y en los circuitos de acumulación en el mundo, sumándole aliños a la emergencia económica mundial en proceso de agudización.

Seguir pensando que Venezuela es el único país que está pasando por un situación compleja, y que esa situación es responsabilidad de Nicolás Maduro y no del hecho de ser parte de un sistema globalizado que está en progresivo deterioro y que se está disputando a sangre y fuego, sólo le suma fuerza y argumentos al simplismo idiotizante promovido con furia por las corporaciones mediáticas occidentales.

 

Afincar los pies sobre la tierra y jugar con el cuadro cerrado como país chavista que somos, es la única alternativa que tenemos para enfrentar la tempestad. Exigir soluciones mágicas y que de la noche a la mañana todo se resuelva porque sí, es de ilusos.

Mision Verdad. 

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